Los muros finales de Tàpies

Tàpies en la Fundación Bancaja

Existe un prejuicio tenaz según el cual los grandes artistas, al alcanzar la vejez, repiten fórmulas agotadas o se refugian en la autocomplacencia de quien ya lo ha conseguido todo. Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) dedicó la última década de su vida a desmentir ese lugar común con una energía que resulta difícil de conciliar con la imagen de un hombre octogenario. Tàpies. Última década. 2002-2012, la exposición que la Fundación Bancaja presenta en Valencia hasta el 30 de agosto de 2026, permite comprobar que el máximo exponente del informalismo español no suavizó su lenguaje en los años finales, sino que lo llevó a un grado de depuración donde cada gesto adquiere la gravedad de lo esencial.

La muestra, comisariada por Fernando Castro Flórez, reúne 22 piezas de gran formato procedentes en su mayoría de la colección familiar, cinco de las cuales se exhiben por primera vez al público. Morat (2005), A veritable (2006), Sis Signes (2009), Boques (2011) y Autoretrat (2011) constituyen descubrimientos genuinos que amplían la comprensión de una producción que, a lo largo de seis décadas, se acercó a las nueve mil piezas. A ellas se suma a = a (2005), obra incorporada recientemente a los fondos de la Fundación Bancaja, cuyo título algebraico condensa con elegancia irónica la tautología que atraviesa toda la obra de Tàpies: la materia es lo que es, y en esa evidencia reside su misterio.

Castro Flórez, que tuvo la oportunidad de entrevistar al artista en 1990, ha articulado un recorrido que rehúye la nostalgia para afirmar la contemporaneidad absoluta de estas últimas obras. «Cuando el reloj de arena está soltando sus últimas motas, muchos artistas desarrollan su estilo tardío», explicaba el comisario durante la presentación. «En Tàpies no es una obra terminal: es radical». La distinción resulta capital, puesto que lo que el visitante encontrará en la sede de la Plaza de Tetuán no son las variaciones cansadas de un vocabulario ya establecido, sino la exploración tenaz de un creador que seguía incorporando hallazgos visuales y conceptuales a una práctica que nunca dejó de interrogarse a sí misma.

Las grandes superficies cargadas de materia que dominan la exposición despliegan el repertorio de recursos que convirtió a Tàpies en una referencia ineludible del arte europeo de la segunda mitad del siglo XX: texturas, relieves, grietas, incisiones, signos que remiten simultáneamente a la grafía oriental y al grafiti callejero, cruces que funcionan como marcas existenciales antes que como símbolos religiosos. Pero lo que distingue estas obras tardías de las anteriores es una gravedad silenciosa que trasciende la experimentación formal para adentrarse en un territorio donde la pintura parece reflexionar sobre sus propias condiciones de posibilidad. Los muros de Tàpies, esas superficies que siempre evocaron paredes desconchadas, puertas clausuradas y fachadas erosionadas por el tiempo, adquieren en esta última etapa una cualidad que podríamos llamar confesional, como si el artista hubiera decidido prescindir de todo lo accesorio para quedarse únicamente con lo que no podía dejar de decir.

La incorporación de objetos cotidianos (maderas reutilizadas, telas sin tratar, cuerdas, fragmentos de mobiliario, escobas) sigue siendo un rasgo definitorio de su lenguaje, aunque en estas piezas tardías la integración entre lo real y lo pictórico alcanza un grado de naturalidad que las obras anteriores, más programáticamente provocadoras, no siempre conseguían. Tàpies nunca entendió la pintura como imagen decorativa, dado que para él constituía una forma de pensamiento, una manera de interrogar la relación entre lo visible y lo oculto, entre la superficie y la profundidad, entre el signo y aquello que el signo intenta nombrar sin lograrlo del todo. Su deuda con la filosofía oriental, especialmente con el budismo zen, se percibe en estas últimas obras con una claridad paradójica: cuanto menos pretende explicar, más comunica.

Uno de los aciertos de la exposición reside en la inclusión de fotografías de la casa del artista en Campins, en el Montseny, donde Tàpies pasó largas temporadas durante su última década. La luz tamizada del bosque, el aislamiento de la montaña y el ritmo pausado de la vida rural influyeron directamente en el cromatismo y la textura de las obras expuestas, de manera que el visitante puede establecer conexiones entre los paisajes reales que rodearon al artista y los paisajes abstractos que generó en el estudio. La proyección del documental Materia en forma de Tàpies, producido por RTVE para su programa Imprescindibles con motivo del centenario de su nacimiento, completa el retrato de un hombre que vivió para la pintura con una constancia que pocos de sus contemporáneos pudieron igualar.

Contemplar estas obras en Valencia, ciudad que ha vivido en los últimos años una eclosión institucional notable en el ámbito del arte contemporáneo (el Centro de Arte Hortensia Herrero, la renovación del IVAM, la llegada de CaixaForum), invita a reflexionar sobre el lugar que ocupa Tàpies en el imaginario cultural español. Reconocido con el Premio Velázquez de Artes Plásticas en 2003, expuesto en el MoMA, la Tate, el Pompidou y el Guggenheim, su figura pertenece a ese selecto grupo de creadores que, junto a Miró y Chillida, consiguieron que el arte español de posguerra trascendiera las fronteras de un país aislado para dialogar en condiciones de igualdad con las vanguardias internacionales.

Tàpies. Última década demuestra que la producción final de un gran artista puede ser tan reveladora como sus primeras conquistas, siempre que esa producción no se limite a repetir sino que profundice, depure y radicalice lo ya descubierto. El Tàpies de estos muros finales no es un anciano que recuerda glorias pasadas: es un hombre que sigue excavando en la materia con la certeza de que, debajo de cada capa de pintura, de cada fragmento de madera, de cada grieta en el barniz, late algo que merece ser encontrado. Que no sepamos exactamente qué es forma parte del misterio. Y el misterio, en Tàpies, siempre fue el punto de partida.

Tàpies. Última década (2002-2012) Fundación Bancaja (Plaza de Tetuán, 23) Valencia Hasta el 30 de agosto de 2026 Comisariado: Fernando Castro Flórez