El algoritmo de los sueños

La ciencia de Pixar en CaixaForum Sevilla

Cuando Woody y Buzz Lightyear aparecieron en las pantallas de cine en 1995, pocos espectadores imaginaron la revolución tecnológica que había detrás de aquellos personajes de apariencia tan natural. Toy Story no fue solo el primer largometraje de animación enteramente generado por ordenador: fue la demostración de que el arte y la ciencia podían fundirse en una nueva forma de narrar historias. La ciencia de Pixar, la exposición interactiva que CaixaForum Sevilla presenta hasta el 1 de marzo de 2026, permite al visitante adentrarse en ese proceso creativo y descubrir que detrás de cada fotograma de Buzz, Dory, Mike o Sully hay matemáticas, física, ingeniería y una cantidad de código informático que haría palidecer a cualquier programador.

Desarrollada por el Museum of Science de Boston en colaboración con Pixar Animation Studios, la muestra se estructura en ocho ámbitos que corresponden a las fases del proceso de producción: modelado, rigging, superficies, sets y cámaras, animación, simulación, iluminación y rendering. Cada sección combina interactivos digitales y físicos, vídeos explicativos y entrevistas con los profesionales del estudio, componiendo un recorrido que funciona tanto para niños fascinados por sus personajes favoritos como para adultos interesados en comprender la complejidad técnica del cine de animación contemporáneo.

El visitante comienza su inmersión con un vídeo introductorio que explica cómo Pixar convierte una idea en una película. A partir de ahí, puede explorar las secciones en el orden que prefiera, lo que convierte la visita en una experiencia personalizable. En el ámbito de modelado descubrirá cómo los artistas crean las formas tridimensionales de los personajes, desde los bocetos iniciales hasta las mallas de polígonos que definen su geometría. En rigging entenderá cómo se construye el «esqueleto» virtual que permite a los personajes moverse de manera creíble. Las superficies revelan el trabajo necesario para que la piel de Sully parezca peluda o el caparazón de una tortuga brille bajo el agua.

La sección de animación resulta especialmente cautivadora. Aquí el visitante puede experimentar los principios que hacen que un movimiento parezca natural: el squash and stretch que da elasticidad a los cuerpos, la anticipación que prepara cada acción, el seguimiento que prolonga el movimiento más allá del gesto principal. Son técnicas que los animadores tradicionales de Disney codificaron hace casi un siglo, pero que Pixar ha trasladado al entorno digital con una precisión matemática que no sacrifica la expresividad emocional.

Las secciones de simulación e iluminación revelan niveles de complejidad que el espectador medio ni siquiera sospecha. Simular el movimiento del pelo de Mérida en Brave, con sus miles de rizos pelirrojos reaccionando de manera independiente a cada giro de cabeza, requirió desarrollar software específico que resolviera ecuaciones físicas en tiempo real. Iluminar una escena de Buscando a Nemo para que la luz se comporte como lo hace bajo el agua implicó estudiar la física de la refracción y la dispersión lumínica. Cada fotograma de una película de Pixar es el resultado de millones de cálculos que el espectador procesa en una fracción de segundo sin ser consciente de ellos.

La exposición tiene una vocación pedagógica explícita: quiere despertar vocaciones STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) mostrando que estas disciplinas no son compartimentos estancos sino herramientas complementarias para la creación. Los testimonios de los profesionales de Pixar insisten en esta idea: el estudio emplea a físicos, matemáticos, informáticos y artistas que trabajan codo con codo, aportando cada uno su expertise a un proyecto común. En un momento en que se debate sobre la utilidad de las humanidades frente a las carreras técnicas, La ciencia de Pixar demuestra que la creatividad necesita de ambas.

CaixaForum Sevilla completa la experiencia con proyecciones de películas clásicas de Pixar y actividades familiares que prolongan el aprendizaje más allá de la visita. Es una propuesta inteligente para un público amplio: los niños disfrutarán reencontrándose con sus personajes favoritos, los adolescentes quizá descubran una vocación profesional, y los adultos saldrán con una nueva apreciación de lo que implica dar vida a un muñeco de trapo llamado Woody o a un pez payaso llamado Nemo. Porque detrás de la magia siempre hay trabajo. Y detrás del trabajo, ciencia.